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Conoce el mundo de Alfa

Capítulo I

El origen


Los padres de Alfa son biólogos especializados en ecología, ambos laboran en el Instituto de Ecología (INECOL), en Xalapa. El padre, Mario Castellanos, es egresado de la UNAM, se enfoca al estudio de la ecología del comportamiento animal, pero además le encanta involucrarse en las actividades más diversas y es sobre todo poeta. Su principal pasatiempo es el estudio e identificación de especies de mariposas. Él no posee ningún ejemplar, realiza observaciones en campo, toma fotografías, colecciona ilustraciones, pero jamás ha colectado alguna mariposa. Es también un gran admirador de la cultura griega y simpatiza con el budismo.


La madre de Alfa, Mariana Estrada, egresada de la Universidad Veracruzana, se enfoca en la ecofisiología de plantas. Es una mujer muy activa y entregada a su trabajo. El estar avocada a la tarea científica le hace aparentar ser una mujer fría. Es muy pragmática y alejada de cuestiones relacionadas con la espiritualidad.
Ambos se conocieron en la reserva de Los Tuxtlas en Veracruz. Ella realizaba trabajo de campo en sistemas tropicales para su tesis de licenciatura, y él fue para encontrar a la mariposa de la especie Morpho peleides la cual es portadora del color azul más hermoso que existe. Un buscador de mariposas y una bióloga en el campo.. pueden pasar muchas cosas.


Una vez formada la familia, se establece en Xalapa. Así, Alfa crece en medio del clima templado y húmedo, nebuloso a menudo y soleado a veces de esa hermosa ciudad. Corre entre lo árboles del bosque mesófilo y entre mariposas cebra. Mariana, aunque responsable y dedicada con su hija, ve en la niña a veces un obstáculo para sus labores profesionales... en cambio Alfa es para su padre su máxima adoración.
Alfa es apiñonada, con cabello negro, lacio y largo; sus ojos son oscuros y grandes. Es inteligente, observadora y creativa, y sobre todo muy tierna y sensible. Un rasgo característico del Alfa es que cuando se emociona, recibe una sorpresa agradable o simplemente quiere parecer encantadora, pestañea muy rápido varias veces seguidas. Por otra parte, cuando entristece cubre sus ojos con sus manos, y deja caer su cabello frente a su rostro. Su debilidad son los chocolates, su sueño es conocer la India y le fascina la combinación de colores azul y blanco; ella procura que toda su ropa, artículos personales y decoración de su habitación sea de alguno de esos dos colores, o combinación de ambos. Sólo hay una especie de animal que Alfa aborrece: los gatos.


El nombre de Alfa se deriva de la afición de su padre hacia la cultura griega. Un nombre breve, poco común, pero no demasiado exótico, y sobre todo lleno de significado era lo que Mario buscaba. Alfa, símbolo del origen, el comienzo, de lo primero.

 

Capítulo II

Tocar el cielo


Un suceso simple, pero que para Alfa resulta ser muy importante, ocurre cuando ella tenía 5 años
Se encontraba corriendo en el jardín botánico del INECOL. Portaba un vestidito blanco de manta, y sus huarachitos de cuero. Ella había observado como su papá atrapaba mariposas con las manos al vuelo sin lastimarlas. La niña intentaba hacer lo mismo y perseguía mariposas cebra, pero ella aún no tenía la habilidad suficiente como para lograrlo, pero no se rendía, y corría de aquí para allá intentando atrapar una mariposa. Con toda su atención en las mariposas que perseguía, Alfa no se fijaba donde pisaba, y en un descuido se tropieza y cae. Alfa es muy orgullosa, y su orgullo no le permitió llorar, así que simplemente se volteó y quedó acostada boca arriba. El cielo de Xalapa está nublado casi todo el tiempo, pero esa tarde en particular estaba muy despejado, pero las nubes, aunque escasas, estaban presentes. Era la primera vez que Alfa contemplaba un cielo así. El color azul del cielo, y el blanco de las nubes llenaban sus ojos. Ahora las mariposas y el dolor de la caída no importaban. Desde tal perspectiva Alfa sentía que el cielo estaba muy cerca de ella y que con solo estirar su mano podría tocarlo. Ella se sentía muy confundida, y este pensamiento pasó por su mente “que extraño, estoy en el suelo, pero nunca había visto el cielo tan cerquita”. Era inevitable caer en la tentación, tocar el cielo, “quiero tocar el cielo” se repetía una y otra vez. Alfa estiraba su manita, pero por más que lo intentaba no lograba su objetivo. Finalmente se levantó y la perspectiva cambió, el cielo se veía otra vez lejano.


Desanimada, la niña miró hacia enfrente y descubrió el horizonte. Su rostro se iluminó con una sonrisa, matizada con su encantador pestañeo, cuando se dio cuenta de que a lo lejos se veía un lugar en el que el cielo se juntaba con el suelo. Ella no conocía la palabra “horizonte”, así que ella nombró a su descubrimiento como “el lugar donde se puede tocar el cielo”. Muy contenta y embelesada no apartaba la mirada del horizonte, un grito interrumpió las cavilaciones de la niña “¡Alfaaaa!” , era la voz de Mariana, quien la llamaba con cierta urgencia, era hora de irse. Cuando la niña se acercó le dijo “mami, quiero ir a donde se puede tocar el cielo”, su mamá al parecer tenía mucha prisa, le respondió “sí hija, a donde quieras, pero por lo pronto nos vamos de compras”. Un poco frustrada por esa respuesta, la niña pensó “mejor le voy a decir a mi papá que me lleve él, mi ma' estará muy ocupada y no podrá”


A partir de esa experiencia Alfa quedó fascinada con el color azul, y en especial cuando se le combina con el blanco. La habitación de ella ya era azul, color predilecto de su papá, pero ella le pidió que le pusiera nubes. Así que con un aerosol entre los dos pintaron las nubes. Alfa antes de dormir contemplaba tan peculiar decoración y se repetía así misma “quiero tocar el cielo, quiero tocar el cielo” .

 

Capítulo III

El horizonte


La obsesión de Alfa por tocar el cielo crecía al paso de los días. Antes de dormir miraba con añoranza la decoración de su cuarto, azul con nubes, y sus sueños eran invadidos por fantasías celestes. Aunque la forma en que su habitación estaba pintada le agradaba mucho, ella preferiría un cuarto con el techo trasparente, desde donde se pudiera contemplar el cielo real, el cielo que descubrió aquella vez en el jardín botánico.
Una ocasión Mariana salió del país por un par de semanas para acudir a un congreso sobre ecología en sistemas tropicales. Alfa, al enterarse de que su mamá estaría lejos por unos días, en lugar de angustiarse se emocionó al saber que el viaje sería realizado en avión. Alfa nunca había viajado en avión, pero al menos sabía que eran máquinas que volaban... cerca del cielo. Próxima a salir Mariana le preguntó a su hija “¿Qué quieres que te traiga?”, y la niña sonriente y emocionada le respondió “Un pedacito de cielo”, la respuesta deconcertó a Mariana. “¿Cómo voy a conseguir un pedazo de cielo?”, “Muy fácil, cuando vayas en el avión abres la ventana y lo tomas”. Después, la desconcertada fue Alfa, cuando se le explicaron los diversos motivos por los cuales uno no puede abrir la ventana cuando va en un avión en pleno vuelo. Hasta ahí quedó la explicación, por que Mariana no encontraba la forma de hacerle entender a la niña que aún en el caso de que fuera posible abrir la ventana, no se puede tomar un pedazo de cielo.


La idea de que ni con un avión se pude conseguir un pedazo de cielo no desanimó mucho a Alfa, ya que ella sabía muy bien de la existencia de “el lugar donde se puede tocar el cielo”, al que se puede llegar perfectamente por tierra.


Mariana regresó de su viaje, con muchos regalos para su hija, los cuales resultaron del agrado de Alfa... nada parecido a un pedacito de cielo, pero sorpresas agradables al fin.


No paso mucho tiempo cuando a Alfa se le presentó la gran oportunidad, un largo viaje por tierra. La familia iría a la reserva de los Tuxtlas, lugar con abundante material de estudio para sus padres, pero sobre todo, un lugar colmado de recuerdos. Cuando Mario le comentó a su hija sobre el viaje que realizarían, dándole a entender que sería a un lugar muy bonito pero muy lejano, para no tener dudas, Alfa le pidió a su padre que la acompañara por un momento fuera de la casa, y ella le señaló ese lugar donde se puede tocar el cielo, “¿a donde vamos está más lejos que allá donde el cielo se pega al suelo?”, la niña escuchó complacida la respuesta de que a donde iban está incluso más lejos. En esa ocasión Mario explicó a Alfa que ese lugar donde el cielo se junta con la tierra se llama “horizonte”. El lugar al que tanto deseaba ir Alfa tenía al fin un nombre.


En la noche anterior al inicio del viaje, Alfa no pudo dormir del todo bien por la emoción... llegar hasta “horizonte”, al fin podría tocar el cielo.

 

Capítulo IV

La utopía


Durante el largo y agotador viaje hacia la reserva de Los Tuxtlas, Alfa miraba atenta la ventana del auto... primero emocionada, después ansiosa, después impaciente y por último frustrada y aburrida. Ocurría que el auto avanzaba y avanzaba, pero nunca parecía acercarse a “horizonte”, y pasaban las horas. Cuando al fin llegaron a su destino, Mariana tuvo que despertar a la niña, mientras Alfa se tallaba los ojos su mamá le dijo “ya llegamos”. Alfa incrédula bajó del carro y busco el horizonte... y lo encontró, pero allá, tan lejos como siempre lo había visto. Al darse cuenta de que su máximo deseo no se había cumplido Alfa explotó en llanto, y cubrió sus ojos como suele hacer cuando está triste. Mariana desconcertada no encontraba forma de consolar a la niña y sobre todo no entendía la causa de su reacción, “seguramente está fastidiada por el viaje” pensó, así que decidió simplemente esperar a que se le pasara.


Por su parte Mario no podía dejar las cosas así, se acercó a la niña y se apartó con ella para hablar en privado. Alfa le explicó entre sollozos que ella quería llegar a horizonte para poder tocar el cielo “¡yo quiero tocar el cielo! ¡yo quiero tocar el cielo!” gritaba la niña con lágrimas en su rostro. Después de pensar un momento, Mario encontró la respuesta a como aliviar el pesar de la niña. La llevó a un sitio alto, desde donde era más fácil mirar al horizonte, se hincó junto a la niña, y le explicó con voz baja, muy cerca del oído.
«Mira Alfa, ese lugar que está allá y que una vez te dije que se llama horizonte también lo podemos llamar “utopía”. Utopía es una palabra griega que significa “en ningún lugar” o “lugar que no existe”. Muchos, al igual que tú, sienten deseos de llegar hasta utopía y caminan hacia ella. Pero ocurre que cuando tú das un paso, utopía da también un paso para atrás, y si tú das cinco pasos, utopía da cinco más, y si tú das 100 pasos, utopía da 100 pasos más... Muchos al ver que nunca alcanzan a utopía se rinden y dejan de caminar, pero hay unos pocos que son muy necios, y siguen y siguen caminando por mucho tiempo.»


Alfa, ya más tranquila le preguntó. “¿pero entonces por qué siguen algo que nunca alcanzan?”
«Es por que ellos de vez en cuando se detienen un momento, y miran hacia atrás y se dan cuenta de algo... se dan cuenta de cuanto han avanzado. Y también a lo lejos miran a los rezagados que se rindieron y dejaron de avanzar. Es gracias a esos necios que el mundo avanza... llegado el momento tú decidirás Alfa, si sigues avanzando o te rindes.»


Alfa secó las pocas lágrimas que quedaban en su rostro, y dijo “¡yo quiero siempre avanzar!”. Para terminar de consolar a su hija, Mario le dijo “hay muchas formas de tocar el cielo Alfa, si ese es tu deseo, te prometo que mañana mismo tendrás en tus manos un pedacito de cielo”. El rostro sollozante de la niña se iluminó de pronto con una sonrisa, “¿de verdad papi? ¿podré tener un pedazo de cielo?”. “Te lo prometo princesa, te lo prometo”. Alfa abrazó emocionada a su papá, y después lo tomó de la mano para regresar al carro.
Terminado el pesar de Alfa la familia se instaló en el albergue de la estación biológica de Los Tuxtlas. Los tres estaban agotados, así que ese primer día de estancia se dedicaron a descansar. Alfa tenía más emoción que cansancio, así que por otra noche no pudo dormir bien... al día siguiente al fin podría tener un pedacito de cielo en sus manos.

 

Capítulo V

Un pedacito de cielo


Al día siguiente fue Alfa la que despertó muy entusiasmada a sus padres a las 7:00 en punto. El gran día había llegado.


El concierto de vida que emana desde la selva era la música de fondo que amenizaba la estancia de la familia en la estación. Tras tomar el modesto desayuno que se ofrece en la cafetería del albergue, Alfa y sus padres se dispusieron a comenzar con sus labores. Mario, preparo su mochila, de la cual sobresalía una red entomológica aérea (se utiliza para cazar mariposas). Mariana por su cuenta, con un arsenal de aparatos se dio a la tarea de tomar mediciones físicas y químicas en las plantas objeto de su estudio y el suelo que las circundaba... actividad que sólo lograba entretener la curiosidad de Alfa por unos pocos minutos.
Tomados de la mano padre e hija caminaron. La emoción de Alfa crecía a cada paso, el tan esperado momento se acercaba. Unos instantes de ver a su papá capturando, midiendo y clasificando mariposas fueron el preámbulo. Mariposas y más mariposas. En Xalapa había muchas mariposas, de cualquier tipo se encontraban muchas, pero en ese lugar, nuevo para Alfa, había muchas también, pero según pudo ver Alfa, todas eran diferentes. Mariposas y más mariposas... era persiguiendo mariposas que Alfa descubrió el azul y blanco del cielo y ese lugar llamado horizonte. De alguna manera Alfa estaba condicionada a relacionar la cacería de esos seres voladores con el cielo. Pero el tiempo pasaba y no se veía la hora de ir en busca del pedacito de cielo que Alfa tanto anhelaba.


Mario notaba que la niña comenzaba a impacientarse, y apresuró su búsqueda. Hasta que por fin, con singular habilidad logró atrapar lo que más buscaba: una mariposa de la especie Morpho peleides. Como quien espera sorprender a alguien con un regalo, Mario no anunció su logro, y con mucha discreción sacó al ejemplar de la red, y lo encerró entre sus manos. Se dirigió hacia donde estaba su hija y le dijo con un toque de solemnidad “Alfa, Alfita, entre mis manos tengo lo que te prometí: un pedacito de cielo”. Alfa durante su corta vida muy pocas veces había sonreído como lo hizo esa vez, era el júbilo humanado. Con inmensurable expectación observó como su padre poco a poco abría las manos, y con mucho cuidado entregó la mariposa a las pequeñas e inhábiles manos de Alfa, quien emocionada, y con su característico pestañeo, recibió el obsequio.


Alfa jamás había visto una mariposa Morpho, y nunca había imaginado que algo así pudiera existir. Y es muy probable que al lector le ocurra lo mismo. Las mariposas del género Morpho son de gran tamaño, sus alas exhiben un gradiente de colores precioso, sus bordes son oscuros y al centro son de color azul turquesa iridiscente. Los oscuros bordes son tachonados con motas de color blanco. De esta manera, la mariposa Morpho es portadora de la oscuridad de la noche, el azul del cielo, el blanco de las nubes y el resplandor de las estrellas y la luna. Alfa inmediatamente comprendió el significado de lo que tenía en sus manos.

Mario presentó su obsequio con las siguientes palabras:
«Éste, Alfa, es un pedacito de cielo que se ha caído y vuela. En este momento debes tomar una decisión importante. Si decides quedarte con ese pedacito de cielo, tendrás lo que tanto deseabas, pero, al cielo le faltará un pedacito. Si decides liberarlo, el cielo estará completo. Hay cosas que nos enriquecen sin que las poseamos, siempre que seamos capaces de respetarlas y limitarnos a admirar su belleza, porque lo que sucede muchas veces es que al poseer destruimos. Tú decides Alfa, poseer un pedacito de cielo, o enriquecerte con un cielo hermoso y completo.»


Alfa estalló en júbilo cuando extendió sus brazos hacia arriba, y liberó a su pedacito de cielo. Al ver como la mariposa se alejaba volando, nuevamente pestañeó. Mario sonrió satisfecho al ver que su plan dio resultado, le dio a hija lo que deseaba y a su vez le dio una gran lección.


Alfa esa noche pudo dormir tranquila y satisfecha. Al fin había tocado el cielo. Pero la experiencia de la mariposa no era la culminación de su deseo, de ser así... ella estaría dejando de caminar hacia su utopía. Ella sabía que le esperaban muchas otras formas de tocar el cielo.

Los personajes

Alfa Castellanos Estrada

protagonista

Alfa es apiñonada, con cabello negro, lacio y largo; sus ojos son oscuros y grandes. Es inteligente, observadora y creativa, y sobre todo muy tierna y sensible. Un rasgo característico del Alfa es que cuando se emociona, recibe una sorpresa agradable o simplemente quiere parecer encantadora, pestañea muy rápido varias veces seguidas. Por otra parte, cuando entristece cubre sus ojos con sus manos, y deja caer su cabello frente a su rostro. Su debilidad son los chocolates, su sueño es conocer la India y le fascina la combinación de colores azul y blanco; ella procura que toda su ropa, artículos personales y decoración de su habitación sea de alguno de esos dos colores, o combinación de ambos. Sólo hay una especie de animal que Alfa aborrece: los gatos.


El nombre de Alfa se deriva de la afición de su padre hacia la cultura griega. Un nombre breve, poco común, pero no demasiado exótico, y sobre todo lleno de significado era lo que Mario buscaba. Alfa, símbolo del origen, el comienzo, de lo primero.

 

Mario Castellanos

padre de Alfa

Es egresado de la UNAM, se enfoca al estudio de la ecología del comportamiento animal, pero además le encanta involucrarse en las actividades más diversas y es sobre todo poeta. Su principal pasatiempo es el estudio e identificación de especies de mariposas. Él no posee ningún ejemplar, realiza observaciones en campo, toma fotografías, colecciona ilustraciones, pero jamás ha colectado alguna mariposa. Es también un gran admirador de la cultura griega y simpatiza con el budismo.


Alfa es para su padre su máxima adoración.

 

Mariana Estrada

madre de Alfa

Egresada de la Universidad Veracruzana, se enfoca en la ecofisiología de plantas. Es una mujer muy activa y entregada a su trabajo. El estar avocada a la tarea científica le hace aparentar ser una mujer fría. Aunque responsable y dedicada con su hija, ve en la niña a veces un obstáculo para sus labores profesionales.


Es muy pragmática y alejada de cuestiones relacionadas con la espiritualidad.

 

Helena Villaseñor

mejor amiga de Alfa

Está en el mismo grupo de Alfa en la escuela. Helena es una niña aplicada, muy sensible y tímida. Sus padres representan el típico caso en que ambos le dan todo lo necesario... menos un poco de tiempo. Helena disfruta mucho de la compañía de Alfa, aunque a veces desea ser como Britania (la enemiga de Alfa), ya que a diferencia de nuestra protagonista, Helena fue educada en la cultura del tener.


Helena adora a los gatos, y no comprende bien el por que Alfa los odia.

 

Britania Bressant

enemiga de Alfa (alias Britney por ella misma, alias Mara por Alfa)

Es una niña popular en la escuela, vanidosa al extremo, presumida... y todo lo que implica el estereotipo. Lidera a un grupo de niñas que se dejan manipular por ella. Aunque su actitud en hostil hacia Alfa, en el fondo la admira y quisiera ser como ella.


Britania no siente simpatía por ninguna clase de animal, dice ser alérgica a todo lo que sea peludo.

 

Abuela Tomasa

abuela de Mariana, bisabuela de Alfa

Es indígena totonaca. Dentro del pequeño poblado donde habita es reconocida por su conocimiento sobre el uso de yerbas medicinales. Conserva la cosmovisión prehispánica, sin estar exenta de sincretismos. Esta sabia mujer estableció el primer vínculo de Mariana con el “poder de las plantas”, y a ella le debe su fascinación por estas formas de vida.


A Alfa le agrada que la abuela Tomasa le relate las incontables leyendas que esta venerable anciana conoce. Tales leyendas hablan sobre todo de ciertas fuerzas que actúan desde y sobre los seres que habitan el bosque.

 

Julieta

profesora de la escuela de Alfa

Representa esa visión educativa institucional enfocada a homogenizar conciencias y truncar la creatividad de los niños. Pero también esa parte paciente y comprensiva de quien ama la docencia.

Las mariposas de Alfa

Las mariposas de Alfa

Todas las imágenes fueron obtenidas de manera legal en sitios que distribuyen su contenido bajo la licencia Creative Commons para uso no comercial

Mariposa cebra Heliconius charitonia

Mariposa cebra
Estas hermosas mariposas abundan en la región de Xalapa, son grandes amigas de Alfa. Una vez Alfa intentaba atrapar alguna de estas mariposas con la mano y sucedió su primer encuentro con el horizonte... si no sabes de qué hablo, lee los capítulos a los que puedes acceder en el menú lateral derecho de este sitio.


Fotografía obtenida de http://www.cirrusimage.com/butterfly_zebra_longwing.htm

Mariposa azul Morpho peleides

Mariposa azul
Una de las más bellas habitantes de la región de "Los Tuxtlas". La portadora del color azul más hermoso, estas joyas voladoras parecen ser un pedacito de cielo que se ha caído y vuela.


Fotografía obtenida de http://commons.wikimedia.org/wiki/Morpho_peleides

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Alfa

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y tú ¿qué mundo quieres para ti?

Alfa es un proyecto multidisciplinario impulsado por el Grupo de Artes y Ciencias de la Vida Oniros . El principal objetivo es emplear diferentes formas de manifestación artística, y el conocimiento científico, como medios para crear conciencia sobre temas ambientales.


Todas estas manifestaciones giran al rededor de una personaje muy especial, una niña llamada Alfa.

El creador del concepto es el biólogo mexicano Benjamín Piña Altamirano.

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